No se a otros, pero para mi
cada segundo me pesa tanto, tanto, tanto.
Los pasos que tendré que dar
hasta llegar al dogal
para hallar ahí mi destino,
son casi como los más de doscientos cuarenta amaneceres
que espere una vez.
Allí guarda el verdugo del tiempo
la palanca que juzgará mi suerte,
y mi tormento, será casi eterno
esperando tu clemencia.
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