Tus labios me conducen hacia el paraíso.
Tu voz hace de senda y tus ojos la luz que lo ilumina hasta el destino que eres tú.
Antes de ti.
Las horas en el silencio eran silencio
hoy esas horas tienen tu nombre.
Las tardes y el cielo te acarician
la fragancia eterna de tu juventud se contagia
como la risa, con la ansiada necesidad de que
tu estés allí.
Mujer diosa, así eres...parte de todo y todos.
Cielo imprescindible de la noche estrellada, suspiro consagrado de amantes y flor blanca como tu alma.
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